Obama, un grande político | ELESPECTADOR.COM: "Obama, un grande político
Por: Santiago Montenegro
EN SU ENSAYO “MIRABEAU Y EL político”, Ortega define a los grandes políticos como aquellos quienes, además de haber sido personas de acción, capaces de lograr resultados concretos, mover a las gentes, encauzar a un país, han sido también aguzados por el pensamiento intelectual y por la intuición histórica.
Pauta fácil
Según Ortega, a diferencia de los políticos ordinarios, los grandes políticos son muy escasos porque tienen que combinar características tan disímiles como las de los intelectuales y las de los políticos comunes: agudeza e intelección, por un lado; y fuerza vital e impetuosidad, por el otro. Pero hay unos pocos genios en los cuales estas características se han dado y menciona a Julio César, quien escribió su tratado de Analogía mientras cruzaba los Alpes, o Mirabeau, quien escribió su gramática en la cárcel, o Napoleón, quien preparó el reglamento de la Comedia Francesa en su litera durante la campaña de Rusia. Además, todos ellos, como buenos intelectuales, tuvieron la capacidad para objetivarse, verse desde fuera de ellos mismos y verse desde los ojos de las generaciones futuras. Fueron capaces de situarse en la historia que estaban ayudando a moldear. A los políticos corrientes, por el contrario, estas divagaciones les parecen una pérdida de tiempo, una desviación innecesaria en la continua necesidad de hacer cosas, de nombrar, de inaugurar, de contradecir, de acudir al siguiente mitin o la próxima entrevista. Por ello, muchos políticos corrientes llegan incluso a despreciar y aún a odiar a los intelectuales, a quienes ven como parásitos dedicados a divagar sobre cosas innecesarias. Y dicho odio se acrecienta si los intelectuales se toman el atrevimiento de criticarlos, de decirles a los políticos lo que tienen que hacer o dejar de hacer.
A pesar de que lleva tan sólo un poco más de un año en el poder, Barack Obama cumple los estrictos requisitos que definió Ortega para ser calificado como un grande político. Que es un hombre de acción qué duda cabe. En una meteórica carrera, después de graduado en la universidad, pasó de trabajador social en los barrios más pobres de Chicago, al Senado de Illinois, y de allí al Senado de la Unión, luego a la presidencia de su país y, recientemente, a lograr la aprobación de una de las reformas a la seguridad social más importantes en la historia de los Estados Unidos. Que tiene agudeza intelectual se confirma con sus estudios en Columbia y Harvard, en donde llegó a ser el primer presidente negro de la célebre Harvard Law Review, se prueba también con los dos magníficos libros que ha escrito, pero sobre todo con unos claros principios que guían sus actuaciones. A diferencia de su predecesor, Obama acepta los problemas donde los hay y no los niega; frente al simplismo de los diagnósticos y de las soluciones, acepta su complejidad y la afronta; y frente a quienes se creen dueños de la verdad, plantea un mundo plural en el que es necesario hacer un esfuerzo, hasta donde sea posible, por encontrar consensos. Pero, además de gobernar con principios, es también claro que Obama está siempre pensando en su lugar en la historia, en el juicio que de él harán las generaciones futuras. En una reciente entrevista ha dicho que, si el costo de hacer reformas profundas para el bien de su país es gobernar por un solo período, no le importa no ser reelegido. Todas estas son ya razones suficientes para que Obama pueda ser considerado como un grande político, de acuerdo con los estrictos criterios de Ortega.
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Santiago Montenegro"
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lunes, 5 de abril de 2010
La cuestión agraria hoy | ELESPECTADOR.COM
La cuestión agraria hoy | ELESPECTADOR.COM: "La cuestión agraria hoy
Por: Salomón Kalmanovitz
EL PROBLEMA FUNDAMENTAL DEL campo colombiano es el conflicto interno que, a su vez, se financia con el narcotráfico.
Los contendientes han vaciado de población muchas regiones del país, cuyo número se estima conservadoramente en 3,5 millones de campesinos pobres y medianamente ricos, hoy convertidos en habitantes errantes de las ciudades. Ellos dejaron de explotar intensivamente cerca de 700.000 predios, siendo una de las razones para el evidente estancamiento económico de la agricultura durante los últimos ocho años.
La primera demanda de esta sociedad rural devastada es el retorno de la legalidad, la retoma del control territorial por el Estado no sólo con sus fuerzas de seguridad sino también con sus jueces y sus programas sociales. Una vez asegurado el territorio, se pueden devolver a sus dueños legítimos las propiedades que les usurparon los grupos ilegales.
Una segunda necesidad es el reparto de las tierras de los narcos que pueden representar 5 millones de hectáreas de tierras de buena calidad y que están lamentablemente subexplotadas. Para ello se requiere despojarlos del poder político que lograron acumular durante décadas de enriquecimiento y de su representación en el Congreso, en el Gobierno Nacional y en las administraciones locales.
Un impuesto predial justo induciría a la explotación más intensiva de la tierra pues el que no logre el ingreso para pagarlo deberá vender sus tierras sobrantes al que sí esté dispuesto a explotarlas intensivamente.
Habría que desmontar la política agraria que se basó en el latifundismo empresarial y que distribuyó recursos públicos entre personas muy ricas. Habría también que reconstruir las instituciones públicas del campo que han sido devastadas por la incompetencia, la corrupción y la propia ilegalidad en algunos casos. El Incoder legalizaba terrenos mal habidos o les devolvía propiedades a los testaferros de los que habían sido expropiados. El ICA dejó de ser un instituto técnico para ser manejado por la politiquería. El Banco Agrario repartió préstamos a los latifundistas y policastros. Desapareció cualquier agencia de planificación agropecuaria y cundió la anarquía en torno a la protección del sector, seguida de súbitas importaciones masivas de alimentos. No se establecieron vínculos entre la academia y la agricultura. Como en muchas otras agencias del Estado colombiano, la idea de la administración Uribe era la de liquidar su papel de regulador también en el campo.
La ausencia de buena asistencia técnica, la concentración del crédito y la falta de una planificación mínima, o sea la fobia contra la tecnocracia, contribuyó también a que hubiera poco progreso agropecuario. Las excepciones fueron la palma africana y la caña de azúcar, generosamente regaladas con precios que castigaron a los consumidores y que obviamente favorecieron el aumento de su producción. Igual hubieran invertido con un mercado cautivo para el etanol y el biodiésel, así que fueron subsidios costosos y redundantes.
La reconstrucción del tejido social agrario pasa entonces por terminar con el conflicto interno y el combate al narcotráfico que lo alimenta. La devolución de las tierras abandonadas o usurpadas a sus legítimos dueños y el reparto de las propiedades mal habidas deben contribuir al logro de la paz social. La tecnificación de la gestión pública es otro desafío para un gobierno pulcro que invierta con eficiencia y equidad los recursos públicos y recupere así el crecimiento del sector agropecuario colombiano.
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Salomón Kalmanovitz"
Por: Salomón Kalmanovitz
EL PROBLEMA FUNDAMENTAL DEL campo colombiano es el conflicto interno que, a su vez, se financia con el narcotráfico.
Los contendientes han vaciado de población muchas regiones del país, cuyo número se estima conservadoramente en 3,5 millones de campesinos pobres y medianamente ricos, hoy convertidos en habitantes errantes de las ciudades. Ellos dejaron de explotar intensivamente cerca de 700.000 predios, siendo una de las razones para el evidente estancamiento económico de la agricultura durante los últimos ocho años.
La primera demanda de esta sociedad rural devastada es el retorno de la legalidad, la retoma del control territorial por el Estado no sólo con sus fuerzas de seguridad sino también con sus jueces y sus programas sociales. Una vez asegurado el territorio, se pueden devolver a sus dueños legítimos las propiedades que les usurparon los grupos ilegales.
Una segunda necesidad es el reparto de las tierras de los narcos que pueden representar 5 millones de hectáreas de tierras de buena calidad y que están lamentablemente subexplotadas. Para ello se requiere despojarlos del poder político que lograron acumular durante décadas de enriquecimiento y de su representación en el Congreso, en el Gobierno Nacional y en las administraciones locales.
Un impuesto predial justo induciría a la explotación más intensiva de la tierra pues el que no logre el ingreso para pagarlo deberá vender sus tierras sobrantes al que sí esté dispuesto a explotarlas intensivamente.
Habría que desmontar la política agraria que se basó en el latifundismo empresarial y que distribuyó recursos públicos entre personas muy ricas. Habría también que reconstruir las instituciones públicas del campo que han sido devastadas por la incompetencia, la corrupción y la propia ilegalidad en algunos casos. El Incoder legalizaba terrenos mal habidos o les devolvía propiedades a los testaferros de los que habían sido expropiados. El ICA dejó de ser un instituto técnico para ser manejado por la politiquería. El Banco Agrario repartió préstamos a los latifundistas y policastros. Desapareció cualquier agencia de planificación agropecuaria y cundió la anarquía en torno a la protección del sector, seguida de súbitas importaciones masivas de alimentos. No se establecieron vínculos entre la academia y la agricultura. Como en muchas otras agencias del Estado colombiano, la idea de la administración Uribe era la de liquidar su papel de regulador también en el campo.
La ausencia de buena asistencia técnica, la concentración del crédito y la falta de una planificación mínima, o sea la fobia contra la tecnocracia, contribuyó también a que hubiera poco progreso agropecuario. Las excepciones fueron la palma africana y la caña de azúcar, generosamente regaladas con precios que castigaron a los consumidores y que obviamente favorecieron el aumento de su producción. Igual hubieran invertido con un mercado cautivo para el etanol y el biodiésel, así que fueron subsidios costosos y redundantes.
La reconstrucción del tejido social agrario pasa entonces por terminar con el conflicto interno y el combate al narcotráfico que lo alimenta. La devolución de las tierras abandonadas o usurpadas a sus legítimos dueños y el reparto de las propiedades mal habidas deben contribuir al logro de la paz social. La tecnificación de la gestión pública es otro desafío para un gobierno pulcro que invierta con eficiencia y equidad los recursos públicos y recupere así el crecimiento del sector agropecuario colombiano.
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Salomón Kalmanovitz"
¿Es posible cambiar la dinámica de la campaña? | ELESPECTADOR.COM
¿Es posible cambiar la dinámica de la campaña? | ELESPECTADOR.COM: "¿Es posible cambiar la dinámica de la campaña?
Por: Álvaro Forero Tascón
ES EVIDENTE QUE ÉSTA NO ES UNA campaña presidencial de ideas. Aún sin conocerse las propuestas de Juan Manuel Santos, ya encabeza las encuestas.
¿Qué clase de campaña es entonces? ¿De personas? Tampoco, los electores parecen más interesados en quién está detrás de los candidatos, que en los candidatos mismos.
Es una campaña de prejuicios, porque así la diseñó el presidente Uribe mediante el referendo para reducirla a un reality de búsqueda de su sucesor. Con ello el uribismo ganó la batalla electoral crítica: la de la definición, pues definió la campaña como una disyuntiva entre continuidad para avanzar versus cambio para retroceder —un oxímoron—. Cuando en una campaña un candidato o un partido impone el tema central para que se ajuste a su perfil, como en una licitación en que los pliegos se diseñan para favorecer a un participante, no solamente logra facilitar enormemente su labor, sino dificultar doblemente la de los opositores, porque éstos no solamente tendrán que competir contra el candidato sino también contra las expectativas de los votantes. Y obviamente es mucho más difícil cambiar la percepción de los ciudadanos sobre expectativas interiorizadas, que sobre la idoneidad de un candidato.
La campaña fue reducida a una caricatura que tergiversa la realidad, mediante un instrumento inconstitucional como el referendo reeleccionista, porque la disyuntiva entre continuidad para avanzar versus cambio para retroceder no representa una controversia de ideas sino un prejuicio desleal, pues ni la continuidad garantiza avances, en materia de empleo por ejemplo, ni el cambio implica retrocesos, por ejemplo en materia de corrupción política.
Siendo así, la gran pregunta hacia adelante es si es posible cambiar la dinámica actual de la campaña. Si es viable reemplazar el paradigma de sucesión —cuál es el candidato con el compromiso y la capacidad para mantener el curso del gobierno Uribe—, por uno de propuestas en que las de educación y empleo puedan competir con la de seguridad. Porque normalmente un cambio tan profundo no es factible en una campaña presidencial avanzada, sin la ayuda de acontecimientos extremos. Los intentos de Obama por sacar la campaña presidencial de la polarización para convertirla en un referendo sobre Bush, sólo fructificaron realmente cuando se desplomó el sector financiero mes y medio antes de las elecciones.
Si no fuera posible cambiar la dinámica de la campaña a menos de dos meses de elecciones, sería suicida apostarle exclusivamente a las propuestas. La clave para ser efectivo frente a Santos sería también competir efectivamente por los votos uribistas en el juego de quién es el mejor sucesor. Jugar dos juegos simultáneamente, uno con las cartas que repartió Uribe y otro con una nueva baraja de propuestas innovadoras, sin limitarse a cortejar sólo los sectores no uribistas porque esos votos no alcanzan para ganar. En ese caso la pregunta fundamental es: ¿cuál de los candidatos es el más apto para hacerlo? Quién puede devolverle con éxito el juego a Santos, ese que E. Schattschneider define como el elemento común a toda confrontación política: “Explotar las grietas en la oposición mientras se consolida el propio costado”.
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Álvaro Forero Tascón"
Por: Álvaro Forero Tascón
ES EVIDENTE QUE ÉSTA NO ES UNA campaña presidencial de ideas. Aún sin conocerse las propuestas de Juan Manuel Santos, ya encabeza las encuestas.
¿Qué clase de campaña es entonces? ¿De personas? Tampoco, los electores parecen más interesados en quién está detrás de los candidatos, que en los candidatos mismos.
Es una campaña de prejuicios, porque así la diseñó el presidente Uribe mediante el referendo para reducirla a un reality de búsqueda de su sucesor. Con ello el uribismo ganó la batalla electoral crítica: la de la definición, pues definió la campaña como una disyuntiva entre continuidad para avanzar versus cambio para retroceder —un oxímoron—. Cuando en una campaña un candidato o un partido impone el tema central para que se ajuste a su perfil, como en una licitación en que los pliegos se diseñan para favorecer a un participante, no solamente logra facilitar enormemente su labor, sino dificultar doblemente la de los opositores, porque éstos no solamente tendrán que competir contra el candidato sino también contra las expectativas de los votantes. Y obviamente es mucho más difícil cambiar la percepción de los ciudadanos sobre expectativas interiorizadas, que sobre la idoneidad de un candidato.
La campaña fue reducida a una caricatura que tergiversa la realidad, mediante un instrumento inconstitucional como el referendo reeleccionista, porque la disyuntiva entre continuidad para avanzar versus cambio para retroceder no representa una controversia de ideas sino un prejuicio desleal, pues ni la continuidad garantiza avances, en materia de empleo por ejemplo, ni el cambio implica retrocesos, por ejemplo en materia de corrupción política.
Siendo así, la gran pregunta hacia adelante es si es posible cambiar la dinámica actual de la campaña. Si es viable reemplazar el paradigma de sucesión —cuál es el candidato con el compromiso y la capacidad para mantener el curso del gobierno Uribe—, por uno de propuestas en que las de educación y empleo puedan competir con la de seguridad. Porque normalmente un cambio tan profundo no es factible en una campaña presidencial avanzada, sin la ayuda de acontecimientos extremos. Los intentos de Obama por sacar la campaña presidencial de la polarización para convertirla en un referendo sobre Bush, sólo fructificaron realmente cuando se desplomó el sector financiero mes y medio antes de las elecciones.
Si no fuera posible cambiar la dinámica de la campaña a menos de dos meses de elecciones, sería suicida apostarle exclusivamente a las propuestas. La clave para ser efectivo frente a Santos sería también competir efectivamente por los votos uribistas en el juego de quién es el mejor sucesor. Jugar dos juegos simultáneamente, uno con las cartas que repartió Uribe y otro con una nueva baraja de propuestas innovadoras, sin limitarse a cortejar sólo los sectores no uribistas porque esos votos no alcanzan para ganar. En ese caso la pregunta fundamental es: ¿cuál de los candidatos es el más apto para hacerlo? Quién puede devolverle con éxito el juego a Santos, ese que E. Schattschneider define como el elemento común a toda confrontación política: “Explotar las grietas en la oposición mientras se consolida el propio costado”.
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Álvaro Forero Tascón"
A incumplir la profecía | ELESPECTADOR.COM
A incumplir la profecía | ELESPECTADOR.COM: "El país de las maravillas
A incumplir la profecía
Por: Mario Morales
EL PROFESOR MOCKUS APRENDE Y rápido. Su propuesta concisa y abierta de alianza con Fajardo no sólo es importante por los votos sino lógica y necesaria en tanto que le apuntan a lo mismo: legalidad, decencia, cambiar trincheras por tableros y, sobre todo, transparencia.
Más allá de la coyuntura, la aceptación de Fajardo es ejemplar. No es coherente pedir convivencia y no practicarla en campaña.
Asumir el rol de fórmula vicepresidencial (o incluso sin pretensión de figuración como Lucho y Peñalosa) es muestra de humildad al anteponer lo colectivo a lo personal.
Discutirlo con las bases y seguidores es una lección de respeto. La intención de voto no es endosable.
Pero también comprueba que los dos matemáticos encontraron el sentido de lo práctico: a siete semanas es imperativo sumar, sin caer en las trapisondas de las familias en acción que componen al santismo.
Con razón la alianza Antanas-Fajardo despierta tanto fervor entre estudiantes y jóvenes en general, academia, escépticos, soñadores e internet, donde las encuestas serían sorprendentes.
Al fin y al cabo ellos dos, con Petro, sí entendieron la dinámica de las redes sociales, el uso de tecnologías y la web 2.0. Mientras los demás siguen hablando verticalmente a sus electores para que los oigan, Fajardo y Antanas están aprendiendo (como lo hizo Obama) que internet sirve antes que nada para escuchar; que los electores tienen qué decir, pero sobre todo mucho qué hacer. Esos cerca de 200 mil seguidores que suman entre ambos en Facebook, antes que discursos y comunicados, piden a gritos guías para actuar. Ya el ciberactivismo revirtió tendencias en Filipinas y Estados Unidos.
Además, la “lipo” que sufren el noemicismo y el liberalismo, así como las decisiones urgentes que deben tomar Petro y Pardo (antes que clientelismo y lentejismo hagan de las suyas) ayudan a conformar la coalición que permita votar por primera vez en muchos años por el “sí” y no en contra de otro.
Las encuestas predicen el triunfo de Santos, pero ciencia, razón y tecnología les recuerdan a Antanas, Fajardo y sus seguidores que las profecías no están hechas para que se cumplan sino para que no se cumplan.
www.mariomorales.info
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Mario Morales"
A incumplir la profecía
Por: Mario Morales
EL PROFESOR MOCKUS APRENDE Y rápido. Su propuesta concisa y abierta de alianza con Fajardo no sólo es importante por los votos sino lógica y necesaria en tanto que le apuntan a lo mismo: legalidad, decencia, cambiar trincheras por tableros y, sobre todo, transparencia.
Más allá de la coyuntura, la aceptación de Fajardo es ejemplar. No es coherente pedir convivencia y no practicarla en campaña.
Asumir el rol de fórmula vicepresidencial (o incluso sin pretensión de figuración como Lucho y Peñalosa) es muestra de humildad al anteponer lo colectivo a lo personal.
Discutirlo con las bases y seguidores es una lección de respeto. La intención de voto no es endosable.
Pero también comprueba que los dos matemáticos encontraron el sentido de lo práctico: a siete semanas es imperativo sumar, sin caer en las trapisondas de las familias en acción que componen al santismo.
Con razón la alianza Antanas-Fajardo despierta tanto fervor entre estudiantes y jóvenes en general, academia, escépticos, soñadores e internet, donde las encuestas serían sorprendentes.
Al fin y al cabo ellos dos, con Petro, sí entendieron la dinámica de las redes sociales, el uso de tecnologías y la web 2.0. Mientras los demás siguen hablando verticalmente a sus electores para que los oigan, Fajardo y Antanas están aprendiendo (como lo hizo Obama) que internet sirve antes que nada para escuchar; que los electores tienen qué decir, pero sobre todo mucho qué hacer. Esos cerca de 200 mil seguidores que suman entre ambos en Facebook, antes que discursos y comunicados, piden a gritos guías para actuar. Ya el ciberactivismo revirtió tendencias en Filipinas y Estados Unidos.
Además, la “lipo” que sufren el noemicismo y el liberalismo, así como las decisiones urgentes que deben tomar Petro y Pardo (antes que clientelismo y lentejismo hagan de las suyas) ayudan a conformar la coalición que permita votar por primera vez en muchos años por el “sí” y no en contra de otro.
Las encuestas predicen el triunfo de Santos, pero ciencia, razón y tecnología les recuerdan a Antanas, Fajardo y sus seguidores que las profecías no están hechas para que se cumplan sino para que no se cumplan.
www.mariomorales.info
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Mario Morales"
martes, 30 de marzo de 2010
La caída - Artículos de Opinión - Columnistas - ELTIEMPO.COM
La caída - Artículos de Opinión - Columnistas - ELTIEMPO.COM: "La caída
'La caída' es, creo, la primera película importante que produjeron los alemanes sobre Hitler. ¿Quién mejor que ellos para poner en escena toda su miseria?
Estremece y conturba ver al tirano, cobarde y desalmado, conducir a Berlín a la destrucción y a la muerte sin que le importe un bledo. La guerra estaba perdida; no había generales que recibieran sus órdenes ni tropas que las ejecutaran; a pesar de ello, Hitler, enceguecido, seguía estudiando mapas, ordenaba movimientos imposibles, decretaba, paranoico, el fusilamiento de secuaces y hasta se creía con dotes de taumaturgo.
'-¿Cuántos cañones de campaña producimos?, -dicen que preguntó a su ministro de Armamentos, Albert Speer.
-Ciento sesenta, mein fuhrer.
-¡Quiero que se produzcan novecientos!
-¿Cuántos proyectiles antiaéreos tenemos?
-Veinte mil.
-¡Quiero dos millones! ¡Mi capital no caerá jamás en manos enemigas!'.
Cuando oigo a los candidatos presidenciales hablar de alianzas; cuando los oigo conjeturar sobre primera vuelta y las probables maniobras para la segunda; cuando leo en este periódico que un candidato desfalleciente se las tira de arúspice y presagia, sin ton ni son, la derrota en segunda vuelta de su contendiente, que es el seguro ganador, yo me pregunto, ¿qué estarán fumando, por Dios?
Me impresiona que esos candidatos -y sus 'analistas' fletados-, como un Hitler u otro cualquiera general loco, sumen y resten votos en sus filas de acuerdo con alianzas 'en la cumbre'. En política no hay disciplinados batallones acantonados en los directorios; los votantes no son tropas que se pueden mover a discreción de los tenientes políticos: sumemos, dicen, tantos millones de votos del partido X, con tantos otros del candidato Z, y así aseguraremos el paso de X o de Z a la segunda vuelta; en la que sumados todos le ganaremos a Santos, el candidato uribista.
¡Hombre!..., las cosas nunca son así. Todo el actual proceso electoral ha corrido -y seguirá corriendo- dentro de una lógica relativamente simple que no demanda dotes adivinatorias para prever los resultados. 1) Se sabía que las elecciones parlamentarias obrarían como primera vuelta presidencial y decantarían las candidaturas de las dos grandes corrientes (uribismo y antiuribismo). 2) Entre el 14 de marzo y mediados de abril habrá dos escenarios de combate: a) el macro o enfrentamiento de las dos grandes corrientes (uribista y anti) y b) el micro, que definirá en una carrera interna la personería o candidatura hegemónica de la oposición o el antiuribismo. 3) A pesar de que nunca habrá de menguar la rabiosa campaña contra la figura del presidente Uribe y su obra, su imagen favorable, por la fuerza de los hechos, retornó al guarismo promedio (77%) y rematará en 82%. 4) Quien represente el discurso uribista (aunque a muchos en los periódicos y noticieros les parezca inexplicable) será el ganador fijo en primera vuelta. 5) El uribismo con Uribe habría obtenido el 70% de la votación; sin Uribe se castiga un poco el resultado; Santos (candidato único) obtendrá 15% o 16% menos que Uribe, es decir, 53% o 54% de la votación en la primera vuelta. 6) De ahora en adelante las encuestas no tendrán saltos abruptos. Santos irá subiendo 2% o 3% cada semana y los otros bajarán en esa proporción, con una excepción: el candidato que reúna el antiuribismo (¿Mockus? ¿Noemí?; no me caso con un pronóstico). 7) El candidato opositor hegemónico irá creciendo al mismo ritmo de Santos y obtendrá finalmente entre el 25% y 30% del total de los votos, que es el techo del antiuribismo. ¿Y los demás? Después de mayo pondrán en sus tarjetas de presentación: Fulano, ex candidato presidencial de Colombia (no imprimirán el resultado: 13 mil votos), como hacía aquel menguado personaje gringo creado por Graham Green en su novela 'Nuestro hombre en La Habana'.
Jose Obdulio Gaviria"
'La caída' es, creo, la primera película importante que produjeron los alemanes sobre Hitler. ¿Quién mejor que ellos para poner en escena toda su miseria?
Estremece y conturba ver al tirano, cobarde y desalmado, conducir a Berlín a la destrucción y a la muerte sin que le importe un bledo. La guerra estaba perdida; no había generales que recibieran sus órdenes ni tropas que las ejecutaran; a pesar de ello, Hitler, enceguecido, seguía estudiando mapas, ordenaba movimientos imposibles, decretaba, paranoico, el fusilamiento de secuaces y hasta se creía con dotes de taumaturgo.
'-¿Cuántos cañones de campaña producimos?, -dicen que preguntó a su ministro de Armamentos, Albert Speer.
-Ciento sesenta, mein fuhrer.
-¡Quiero que se produzcan novecientos!
-¿Cuántos proyectiles antiaéreos tenemos?
-Veinte mil.
-¡Quiero dos millones! ¡Mi capital no caerá jamás en manos enemigas!'.
Cuando oigo a los candidatos presidenciales hablar de alianzas; cuando los oigo conjeturar sobre primera vuelta y las probables maniobras para la segunda; cuando leo en este periódico que un candidato desfalleciente se las tira de arúspice y presagia, sin ton ni son, la derrota en segunda vuelta de su contendiente, que es el seguro ganador, yo me pregunto, ¿qué estarán fumando, por Dios?
Me impresiona que esos candidatos -y sus 'analistas' fletados-, como un Hitler u otro cualquiera general loco, sumen y resten votos en sus filas de acuerdo con alianzas 'en la cumbre'. En política no hay disciplinados batallones acantonados en los directorios; los votantes no son tropas que se pueden mover a discreción de los tenientes políticos: sumemos, dicen, tantos millones de votos del partido X, con tantos otros del candidato Z, y así aseguraremos el paso de X o de Z a la segunda vuelta; en la que sumados todos le ganaremos a Santos, el candidato uribista.
¡Hombre!..., las cosas nunca son así. Todo el actual proceso electoral ha corrido -y seguirá corriendo- dentro de una lógica relativamente simple que no demanda dotes adivinatorias para prever los resultados. 1) Se sabía que las elecciones parlamentarias obrarían como primera vuelta presidencial y decantarían las candidaturas de las dos grandes corrientes (uribismo y antiuribismo). 2) Entre el 14 de marzo y mediados de abril habrá dos escenarios de combate: a) el macro o enfrentamiento de las dos grandes corrientes (uribista y anti) y b) el micro, que definirá en una carrera interna la personería o candidatura hegemónica de la oposición o el antiuribismo. 3) A pesar de que nunca habrá de menguar la rabiosa campaña contra la figura del presidente Uribe y su obra, su imagen favorable, por la fuerza de los hechos, retornó al guarismo promedio (77%) y rematará en 82%. 4) Quien represente el discurso uribista (aunque a muchos en los periódicos y noticieros les parezca inexplicable) será el ganador fijo en primera vuelta. 5) El uribismo con Uribe habría obtenido el 70% de la votación; sin Uribe se castiga un poco el resultado; Santos (candidato único) obtendrá 15% o 16% menos que Uribe, es decir, 53% o 54% de la votación en la primera vuelta. 6) De ahora en adelante las encuestas no tendrán saltos abruptos. Santos irá subiendo 2% o 3% cada semana y los otros bajarán en esa proporción, con una excepción: el candidato que reúna el antiuribismo (¿Mockus? ¿Noemí?; no me caso con un pronóstico). 7) El candidato opositor hegemónico irá creciendo al mismo ritmo de Santos y obtendrá finalmente entre el 25% y 30% del total de los votos, que es el techo del antiuribismo. ¿Y los demás? Después de mayo pondrán en sus tarjetas de presentación: Fulano, ex candidato presidencial de Colombia (no imprimirán el resultado: 13 mil votos), como hacía aquel menguado personaje gringo creado por Graham Green en su novela 'Nuestro hombre en La Habana'.
Jose Obdulio Gaviria"
Aún están a tiempo - Artículos de Opinión - Columnistas - ELTIEMPO.COM
Aún están a tiempo - Artículos de Opinión - Columnistas - ELTIEMPO.COM: "Aún están a tiempo
En el debate de RCN, todos los candidatos, con la tímida excepción de Sergio Fajardo, demostraron una falta de interés por la vida y los destinos de más de la mitad de la población colombiana. Y me parece inconcebible que, a algo más de dos meses de la elección presidencial, la candidata y los candidatos no se hayan referido con seriedad a las mujeres colombianas, a su particular manera de habitar y administrar el mundo, ni a sus necesidades y reivindicaciones para saldar la deuda histórica que tiene la democracia colombiana con ellas.
Algunos hablaron del tema a regañadientes, y Santos expuso falaces teorías sobre la igualdad de oportunidades. Para este candidato, que algunas mujeres hayan trabajado en altos cargos del Ministerio cuando él era el jefe pareciera suficiente prueba de su sensibilidad al género, y a la candidata le faltan aún muchos caminos por recorrer para comprender que no basta haber nacido mujer para representar los intereses de las mujeres.
Pero, en general, todos pasaron por alto la relevancia del tema en nuestro país; ninguno habló de la importancia de fortalecer la autonomía de las mujeres respecto al déficit de representación en los espacios de toma de decisiones políticas, que, entre otras cosas, es un asunto algo más complicado y más político que tener corazón de mamá o de papá. Nadie habló de la necesidad de cerrar la brecha salarial entre hombres y mujeres, ninguno expresó su voluntad de reducir las violencias de género; no hubo una sola palabra sobre la cuarta generación de los derechos humanos, que son los derechos sexuales y procreativos, y nadie recordó, en un país sumido en la guerra, a las miles de mujeres, niñas y niños que representan casi el ochenta por ciento de la población en situación de desplazamiento y que esperan aún condiciones dignas de existencia.
Los indicadores de desarrollo de un país, candidata y candidatos, se miden hoy en día por el avance de las mujeres, y requieren preguntas y propuestas que permitan al país conocer cómo vamos en prevención de embarazos no deseados, cómo vamos en soluciones para la mortalidad materna, cómo vamos en índices de participación política, cómo vamos en eliminación de las violencias contra ellas, cómo vamos en políticas públicas a favor de ellas, cómo vamos en proyectos legislativos, cómo vamos en empoderamiento, en fin, cómo es la salud política de las mujeres colombianas.
Son preguntas relativas a este 51 por ciento de la población que constituye además la mayoría electoral. Bien sabemos que los derechos de las mujeres deben ser un tema de interés prioritario en los asuntos públicos y por ello deben estar presentes no solo en las entrevistas, debates y encuestas de opinión, sino en todos los programas de campaña.
Aún están a tiempo, la candidata y los candidatos, de incorporar en sus propuestas políticas asuntos que comprometen profundamente la vida de las mujeres. Hoy, ninguna campaña política en Occidente puede tener credibilidad sin una presencia real y efectiva de políticas públicas con enfoque de género. Esto se está demostrando en países como España, que cuenta con un abanico de normas y acciones afirmativas que promueven la autonomía de las mujeres.
O como los países nórdicos, en los cuales se formulan políticas laborales que concilian las demandas relativas al binomio familia-trabajo, tales como ampliación y rotación de las licencias de maternidad, adecuaciones de horarios de trabajo a las necesidades de crianza, y otras experiencias que contribuyen a la erradicación de las violencias contra las mujeres.
* Coordinadora del grupo Mujer y Sociedad
Florence Thomas"
En el debate de RCN, todos los candidatos, con la tímida excepción de Sergio Fajardo, demostraron una falta de interés por la vida y los destinos de más de la mitad de la población colombiana. Y me parece inconcebible que, a algo más de dos meses de la elección presidencial, la candidata y los candidatos no se hayan referido con seriedad a las mujeres colombianas, a su particular manera de habitar y administrar el mundo, ni a sus necesidades y reivindicaciones para saldar la deuda histórica que tiene la democracia colombiana con ellas.
Algunos hablaron del tema a regañadientes, y Santos expuso falaces teorías sobre la igualdad de oportunidades. Para este candidato, que algunas mujeres hayan trabajado en altos cargos del Ministerio cuando él era el jefe pareciera suficiente prueba de su sensibilidad al género, y a la candidata le faltan aún muchos caminos por recorrer para comprender que no basta haber nacido mujer para representar los intereses de las mujeres.
Pero, en general, todos pasaron por alto la relevancia del tema en nuestro país; ninguno habló de la importancia de fortalecer la autonomía de las mujeres respecto al déficit de representación en los espacios de toma de decisiones políticas, que, entre otras cosas, es un asunto algo más complicado y más político que tener corazón de mamá o de papá. Nadie habló de la necesidad de cerrar la brecha salarial entre hombres y mujeres, ninguno expresó su voluntad de reducir las violencias de género; no hubo una sola palabra sobre la cuarta generación de los derechos humanos, que son los derechos sexuales y procreativos, y nadie recordó, en un país sumido en la guerra, a las miles de mujeres, niñas y niños que representan casi el ochenta por ciento de la población en situación de desplazamiento y que esperan aún condiciones dignas de existencia.
Los indicadores de desarrollo de un país, candidata y candidatos, se miden hoy en día por el avance de las mujeres, y requieren preguntas y propuestas que permitan al país conocer cómo vamos en prevención de embarazos no deseados, cómo vamos en soluciones para la mortalidad materna, cómo vamos en índices de participación política, cómo vamos en eliminación de las violencias contra ellas, cómo vamos en políticas públicas a favor de ellas, cómo vamos en proyectos legislativos, cómo vamos en empoderamiento, en fin, cómo es la salud política de las mujeres colombianas.
Son preguntas relativas a este 51 por ciento de la población que constituye además la mayoría electoral. Bien sabemos que los derechos de las mujeres deben ser un tema de interés prioritario en los asuntos públicos y por ello deben estar presentes no solo en las entrevistas, debates y encuestas de opinión, sino en todos los programas de campaña.
Aún están a tiempo, la candidata y los candidatos, de incorporar en sus propuestas políticas asuntos que comprometen profundamente la vida de las mujeres. Hoy, ninguna campaña política en Occidente puede tener credibilidad sin una presencia real y efectiva de políticas públicas con enfoque de género. Esto se está demostrando en países como España, que cuenta con un abanico de normas y acciones afirmativas que promueven la autonomía de las mujeres.
O como los países nórdicos, en los cuales se formulan políticas laborales que concilian las demandas relativas al binomio familia-trabajo, tales como ampliación y rotación de las licencias de maternidad, adecuaciones de horarios de trabajo a las necesidades de crianza, y otras experiencias que contribuyen a la erradicación de las violencias contra las mujeres.
* Coordinadora del grupo Mujer y Sociedad
Florence Thomas"
Una alianza para convocar al voto independiente - Artículos de Opinión - Columnistas - ELTIEMPO.COM
Una alianza para convocar al voto independiente - Artículos de Opinión - Columnistas - ELTIEMPO.COM: "Una alianza para convocar al voto independiente
De acuerdo con lo que dicen las encuestas, si no se presenta una situación extraordinaria, a la segunda vuelta concurrirán Juan Manuel Santos y Noemí Sanín. ¿Cómo se puede generar este evento especial? ¿Quiénes pueden protagonizarlo? ¿Qué importancia tiene para la democracia colombiana?
Quienes desde la academia, o desde la prensa, estamos luchando a brazo partido por revitalizar el debate sobre los problemas del país, consolidar el pluralismo político, ampliar los escenarios democráticos y desterrar las mafias y la violencia guerrillera o paramilitar de la competencia política, no podemos resignarnos a que la Presidencia de Colombia se defina entre dos candidatos de la actual coalición de gobierno.
Ya ganamos una batalla. Logramos crear un ambiente favorable para que la Corte Constitucional declarara inexequible el referendo que buscaba la autorización de la segunda reelección del presidente Uribe. Comprobamos que la deliberación y la crítica bien fundamentadas pueden producir milagros en la opinión pública y facilitar la labor de las instituciones.
Ahora tenemos una segunda batalla: contribuir a que se fortalezca una opción independiente y a que los electores puedan oír, tanto en primera como en segunda vuelta, nuevas visiones sobre la realidad del país y soluciones diversas para los males que aquejan a la Nación.
Sería muy bello que pudiéramos darles una lección a los candidatos que han declinado toda intención renovadora, que sólo tienen para ofrecer palabra por palabra las mismas ideas que han guiado los dos mandatos del presidente Uribe. Sería maravilloso que a la segunda vuelta saltara un candidato con la imaginación abierta hacia el futuro, dispuesto a ensayar nuevos caminos sin desandar lo que ya hemos avanzado. No es fácil. La campaña es muy corta. Santos y Noemí arrancan con mucha ventaja. Los candidatos que están por fuera de la coalición de gobierno tendrían que sorprender al país con una gran propuesta de unidad y generar rápidamente una sensación de confianza y seguridad, lo cual obliga a pensar en grande, a dar muestras de inmensa generosidad y a arriesgar proyectos políticos propios construidos con mucho esfuerzo.
Por otro lado, quienes hacen parte del equipo de estos candidatos no se atreven a decirles que es un imperativo buscar una alianza política inmediata para convocar al voto independiente y modificar el rumbo de la actual campaña presidencial. No se trata de pedir imposibles. Ya sabemos que ni es dable, ni es deseable, un agrupamiento de los 5 candidatos distintos a Noemí y Santos. Pero es perfectamente razonable la alianza entre Mockus y Fajardo, incluso la vinculación de Petro -quien ganó la consulta del Polo con la promesa de buscar una coalición independiente en primera vuelta- a este proyecto. Como es factible, con grandes sacrificios de por medio, la unidad entre Pardo y Vargas Lleras.
Una avalancha de mensajes públicos a los candidatos independientes puede inducir a la búsqueda de alianzas. Ya Héctor Abad Faciolince, muy cercano a Sergio Fajardo, y Rafael Orduz, muy cercano a Mockus, desde sus columnas en El Espectador, han hecho un llamado vehemente a la unidad. Se necesitan muchos más forjadores de opinión comprometidos con esta misión.
En la empresa de buscar un mensaje de renovación política que llegue a los electores y una propuesta de unidad que sacuda la campaña electoral nos estamos jugando la calidad del próximo gobierno. Con el paso a la segunda vuelta de un candidato independiente gana todo el país.
Incluso, paradójicamente, ganan los candidatos de la actual coalición de gobierno. Porque en el momento en que Santos y Noemí sientan que un tercero les está pisando los talones se verán obligados a transformar su discurso. No tendremos, por ejemplo, a un Santos ofreciendo la misma política de empleo del actual gobierno y a Noemí insistiendo en revivir el esquema de Justicia Penal Militar practicado en el pasado.
lvalencia@nuevoarcoiris.org.co
León Valencia"
De acuerdo con lo que dicen las encuestas, si no se presenta una situación extraordinaria, a la segunda vuelta concurrirán Juan Manuel Santos y Noemí Sanín. ¿Cómo se puede generar este evento especial? ¿Quiénes pueden protagonizarlo? ¿Qué importancia tiene para la democracia colombiana?
Quienes desde la academia, o desde la prensa, estamos luchando a brazo partido por revitalizar el debate sobre los problemas del país, consolidar el pluralismo político, ampliar los escenarios democráticos y desterrar las mafias y la violencia guerrillera o paramilitar de la competencia política, no podemos resignarnos a que la Presidencia de Colombia se defina entre dos candidatos de la actual coalición de gobierno.
Ya ganamos una batalla. Logramos crear un ambiente favorable para que la Corte Constitucional declarara inexequible el referendo que buscaba la autorización de la segunda reelección del presidente Uribe. Comprobamos que la deliberación y la crítica bien fundamentadas pueden producir milagros en la opinión pública y facilitar la labor de las instituciones.
Ahora tenemos una segunda batalla: contribuir a que se fortalezca una opción independiente y a que los electores puedan oír, tanto en primera como en segunda vuelta, nuevas visiones sobre la realidad del país y soluciones diversas para los males que aquejan a la Nación.
Sería muy bello que pudiéramos darles una lección a los candidatos que han declinado toda intención renovadora, que sólo tienen para ofrecer palabra por palabra las mismas ideas que han guiado los dos mandatos del presidente Uribe. Sería maravilloso que a la segunda vuelta saltara un candidato con la imaginación abierta hacia el futuro, dispuesto a ensayar nuevos caminos sin desandar lo que ya hemos avanzado. No es fácil. La campaña es muy corta. Santos y Noemí arrancan con mucha ventaja. Los candidatos que están por fuera de la coalición de gobierno tendrían que sorprender al país con una gran propuesta de unidad y generar rápidamente una sensación de confianza y seguridad, lo cual obliga a pensar en grande, a dar muestras de inmensa generosidad y a arriesgar proyectos políticos propios construidos con mucho esfuerzo.
Por otro lado, quienes hacen parte del equipo de estos candidatos no se atreven a decirles que es un imperativo buscar una alianza política inmediata para convocar al voto independiente y modificar el rumbo de la actual campaña presidencial. No se trata de pedir imposibles. Ya sabemos que ni es dable, ni es deseable, un agrupamiento de los 5 candidatos distintos a Noemí y Santos. Pero es perfectamente razonable la alianza entre Mockus y Fajardo, incluso la vinculación de Petro -quien ganó la consulta del Polo con la promesa de buscar una coalición independiente en primera vuelta- a este proyecto. Como es factible, con grandes sacrificios de por medio, la unidad entre Pardo y Vargas Lleras.
Una avalancha de mensajes públicos a los candidatos independientes puede inducir a la búsqueda de alianzas. Ya Héctor Abad Faciolince, muy cercano a Sergio Fajardo, y Rafael Orduz, muy cercano a Mockus, desde sus columnas en El Espectador, han hecho un llamado vehemente a la unidad. Se necesitan muchos más forjadores de opinión comprometidos con esta misión.
En la empresa de buscar un mensaje de renovación política que llegue a los electores y una propuesta de unidad que sacuda la campaña electoral nos estamos jugando la calidad del próximo gobierno. Con el paso a la segunda vuelta de un candidato independiente gana todo el país.
Incluso, paradójicamente, ganan los candidatos de la actual coalición de gobierno. Porque en el momento en que Santos y Noemí sientan que un tercero les está pisando los talones se verán obligados a transformar su discurso. No tendremos, por ejemplo, a un Santos ofreciendo la misma política de empleo del actual gobierno y a Noemí insistiendo en revivir el esquema de Justicia Penal Militar practicado en el pasado.
lvalencia@nuevoarcoiris.org.co
León Valencia"
martes, 23 de marzo de 2010
Los peligros de la reducción del déficit | ELESPECTADOR.COM
Los peligros de la reducción del déficit | ELESPECTADOR.COM: "Los peligros de la reducción del déficit
Por: Joseph E. Stiglitz
UNA OLA DE AUSTERIDAD FISCAL SE precipita sobre Europa y los Estados Unidos. La magnitud del déficit presupuestario —como la de la recesión— ha tomado a todos por sorpresa.
Pauta fácil
Pero pese a las protestas de los antes defensores de la desregulación, que quisieran que el gobierno siguiera siendo pasivo, la mayoría de los economistas creen que el gasto público ha tenido un impacto positivo que ha ayudado a evitar otra Gran Depresión.
La mayoría de los economistas también coinciden en que es un error mirar solamente un lado de la hoja de balance (en el sector público o privado). Uno debe evitar fijarse solamente en las deudas de una empresa; también hay que ver sus activos. Esto debería servir para responder a los halcones del sector financiero, quienes están dando la alarma sobre el gasto público. Después de todo, incluso los halcones del déficit reconocen que deberíamos concentrarnos en la deuda nacional de largo plazo y no en el déficit actual. El gasto, especialmente en inversión educativa, tecnológica y en infraestructura, puede realmente conducir a la disminución del déficit de largo plazo. La visión miope de los bancos contribuyó a crear la crisis; no podemos dejar que la visión miope del gobierno —empujado por el sector financiero— la prolongue.
Un crecimiento más acelerado y los rendimientos de la inversión pública producen mayores ingresos fiscales, y un rendimiento de entre 5% y 6% es más que suficiente para compensar los incrementos temporales de la deuda nacional. Un análisis de costo-beneficio (que tome en consideración otros impactos además de los del presupuesto) hace que esos gastos, incluso financiados con deuda, sean todavía más atractivos.
Finalmente, la mayoría de los economistas están de acuerdo en que, aparte de estas consideraciones, el tamaño adecuado del déficit depende en parte del estado de la economía. Una economía con poco dinamismo requiere de un déficit mayor, y el tamaño apropiado del déficit frente a la recesión depende de circunstancias precisas.
Es aquí donde difieren los economistas. Las previsiones son siempre difíciles, pero en especial en tiempos tan complicados. Lo que ha sucedido no es (por suerte) algo que ocurra todos los días; sería una tontería mirar las pasadas recuperaciones para predecir la actual.
En los Estados Unidos, por ejemplo, la morosidad y las ejecuciones hipotecarias están en niveles no vistos en tres cuartos de siglo; la disminución de crédito en 2009 fue la mayor desde 1942. Las comparaciones con la Gran Depresión también son engañosas, porque hoy la economía es muy diferente en muchos sentidos. Y casi todos los llamados expertos han probado ser altamente falibles —muestra de ello son las sombrías previsiones de la Reserva Federal de los Estados Unidos previas a la crisis—.
No obstante, incluso con déficits importantes, el crecimiento económico en los Estados Unidos y Europa es anémico y las previsiones de crecimiento del sector privado indican que en ausencia de un apoyo continuo del gobierno, existe el riesgo de un estancamiento sostenido —que el crecimiento sea demasiado débil para que el empleo vuelva a sus niveles normales pronto—.
Los riesgos son asimétricos: si estas previsiones son equivocadas y se da una recuperación más sólida, entonces por supuesto se pueden reducir los gastos y/o aumentar los impuestos. Pero si son correctas, entonces una ‘salida’ prematura del gasto deficitario podría conducir nuevamente la economía a la recesión. Esta es una de las lecciones que aprendimos de la experiencia de los Estados Unidos durante la Gran Depresión. También es una de las lecciones de la experiencia de Japón a finales de los noventa.
Estos puntos son particularmente pertinentes para las economías más afectadas. Por ejemplo, el Reino Unido ha tenido más problemas que otros países por una razón obvia: tuvo una burbuja inmobiliaria (aunque menos grave que la de España) y las finanzas, que estuvieron en el epicentro de la crisis, desempeñaron un papel más importante en su economía que en la de otros países.
El hecho de que el Reino Unido haya tenido resultados más débiles no es resultado de políticas peores; en efecto, en comparación con los Estados Unidos, sus rescates bancarios y políticas para el mercado laboral fueron mucho mejores en varios sentidos. Evitó el enorme desperdicio de recursos humanos que acompaña el alto índice de desempleo en los Estados Unidos, donde casi una de cada cinco personas que buscan un empleo de tiempo completo no lo encuentran.
A medida que la economía global vuelva a crecer, los gobiernos deberán preparar, evidentemente, planes para elevar los impuestos y recortar el gasto. Inevitablemente, el equilibrio adecuado será tema de controversia. Principios como el de que “es mejor gravar cosas malas que buenas” podrían sugerir el establecimiento de impuestos ambientales.
El sector financiero ha impuesto enormes externalidades sobre el resto de la sociedad. La industria financiera estadounidense contaminó el mundo con hipotecas tóxicas, y en consonancia con el principio de “el que contamina paga”, se les deberían cobrar los impuestos. Además, los impuestos bien diseñados sobre el sector financiero podrían ayudar a aliviar los problemas causados por un excesivo apalancamiento y los bancos que son muy grandes como para fracasar. Los impuestos sobre las actividades especulativas podrían alentar a los bancos a poner más atención en su desempeño social primordial como institución de crédito.
En el largo plazo, la mayoría de los economistas coinciden en que los gobiernos, especialmente los de los países industrializados avanzados con poblaciones que envejecen, deberían estar preocupados por la creación de políticas sostenibles. Sin embargo, debemos estar atentos al fetichismo del déficit. El déficit para financiar la guerra o para asistir gratuitamente al sector financiero (como ocurrió en una escala masiva en los Estados Unidos) generó pasivos sin contar con los activos que los respaldaran, imponiendo una carga para las generaciones futuras. No obstante, las inversiones públicas de altos rendimientos que se pagan por sí solas por mucho pueden mejorar realmente el bienestar de dichas generaciones y sería una tontería doble dejarles la carga de deudas correspondientes a gastos improductivos y después recortar las inversiones productivas.
Estas son las preguntas para más adelante —al menos en muchos países las perspectivas de una recuperación sólida son, en el mejor de los casos, para uno o dos años—. Por el momento, la economía es clara: reducir el gasto público no es un riesgo que valga la pena tomar.
*Premio Nobel de Economía en 2001. Copyright: Project Syndicate, 2010.
*
Joseph E. Stiglitz"
Por: Joseph E. Stiglitz
UNA OLA DE AUSTERIDAD FISCAL SE precipita sobre Europa y los Estados Unidos. La magnitud del déficit presupuestario —como la de la recesión— ha tomado a todos por sorpresa.
Pauta fácil
Pero pese a las protestas de los antes defensores de la desregulación, que quisieran que el gobierno siguiera siendo pasivo, la mayoría de los economistas creen que el gasto público ha tenido un impacto positivo que ha ayudado a evitar otra Gran Depresión.
La mayoría de los economistas también coinciden en que es un error mirar solamente un lado de la hoja de balance (en el sector público o privado). Uno debe evitar fijarse solamente en las deudas de una empresa; también hay que ver sus activos. Esto debería servir para responder a los halcones del sector financiero, quienes están dando la alarma sobre el gasto público. Después de todo, incluso los halcones del déficit reconocen que deberíamos concentrarnos en la deuda nacional de largo plazo y no en el déficit actual. El gasto, especialmente en inversión educativa, tecnológica y en infraestructura, puede realmente conducir a la disminución del déficit de largo plazo. La visión miope de los bancos contribuyó a crear la crisis; no podemos dejar que la visión miope del gobierno —empujado por el sector financiero— la prolongue.
Un crecimiento más acelerado y los rendimientos de la inversión pública producen mayores ingresos fiscales, y un rendimiento de entre 5% y 6% es más que suficiente para compensar los incrementos temporales de la deuda nacional. Un análisis de costo-beneficio (que tome en consideración otros impactos además de los del presupuesto) hace que esos gastos, incluso financiados con deuda, sean todavía más atractivos.
Finalmente, la mayoría de los economistas están de acuerdo en que, aparte de estas consideraciones, el tamaño adecuado del déficit depende en parte del estado de la economía. Una economía con poco dinamismo requiere de un déficit mayor, y el tamaño apropiado del déficit frente a la recesión depende de circunstancias precisas.
Es aquí donde difieren los economistas. Las previsiones son siempre difíciles, pero en especial en tiempos tan complicados. Lo que ha sucedido no es (por suerte) algo que ocurra todos los días; sería una tontería mirar las pasadas recuperaciones para predecir la actual.
En los Estados Unidos, por ejemplo, la morosidad y las ejecuciones hipotecarias están en niveles no vistos en tres cuartos de siglo; la disminución de crédito en 2009 fue la mayor desde 1942. Las comparaciones con la Gran Depresión también son engañosas, porque hoy la economía es muy diferente en muchos sentidos. Y casi todos los llamados expertos han probado ser altamente falibles —muestra de ello son las sombrías previsiones de la Reserva Federal de los Estados Unidos previas a la crisis—.
No obstante, incluso con déficits importantes, el crecimiento económico en los Estados Unidos y Europa es anémico y las previsiones de crecimiento del sector privado indican que en ausencia de un apoyo continuo del gobierno, existe el riesgo de un estancamiento sostenido —que el crecimiento sea demasiado débil para que el empleo vuelva a sus niveles normales pronto—.
Los riesgos son asimétricos: si estas previsiones son equivocadas y se da una recuperación más sólida, entonces por supuesto se pueden reducir los gastos y/o aumentar los impuestos. Pero si son correctas, entonces una ‘salida’ prematura del gasto deficitario podría conducir nuevamente la economía a la recesión. Esta es una de las lecciones que aprendimos de la experiencia de los Estados Unidos durante la Gran Depresión. También es una de las lecciones de la experiencia de Japón a finales de los noventa.
Estos puntos son particularmente pertinentes para las economías más afectadas. Por ejemplo, el Reino Unido ha tenido más problemas que otros países por una razón obvia: tuvo una burbuja inmobiliaria (aunque menos grave que la de España) y las finanzas, que estuvieron en el epicentro de la crisis, desempeñaron un papel más importante en su economía que en la de otros países.
El hecho de que el Reino Unido haya tenido resultados más débiles no es resultado de políticas peores; en efecto, en comparación con los Estados Unidos, sus rescates bancarios y políticas para el mercado laboral fueron mucho mejores en varios sentidos. Evitó el enorme desperdicio de recursos humanos que acompaña el alto índice de desempleo en los Estados Unidos, donde casi una de cada cinco personas que buscan un empleo de tiempo completo no lo encuentran.
A medida que la economía global vuelva a crecer, los gobiernos deberán preparar, evidentemente, planes para elevar los impuestos y recortar el gasto. Inevitablemente, el equilibrio adecuado será tema de controversia. Principios como el de que “es mejor gravar cosas malas que buenas” podrían sugerir el establecimiento de impuestos ambientales.
El sector financiero ha impuesto enormes externalidades sobre el resto de la sociedad. La industria financiera estadounidense contaminó el mundo con hipotecas tóxicas, y en consonancia con el principio de “el que contamina paga”, se les deberían cobrar los impuestos. Además, los impuestos bien diseñados sobre el sector financiero podrían ayudar a aliviar los problemas causados por un excesivo apalancamiento y los bancos que son muy grandes como para fracasar. Los impuestos sobre las actividades especulativas podrían alentar a los bancos a poner más atención en su desempeño social primordial como institución de crédito.
En el largo plazo, la mayoría de los economistas coinciden en que los gobiernos, especialmente los de los países industrializados avanzados con poblaciones que envejecen, deberían estar preocupados por la creación de políticas sostenibles. Sin embargo, debemos estar atentos al fetichismo del déficit. El déficit para financiar la guerra o para asistir gratuitamente al sector financiero (como ocurrió en una escala masiva en los Estados Unidos) generó pasivos sin contar con los activos que los respaldaran, imponiendo una carga para las generaciones futuras. No obstante, las inversiones públicas de altos rendimientos que se pagan por sí solas por mucho pueden mejorar realmente el bienestar de dichas generaciones y sería una tontería doble dejarles la carga de deudas correspondientes a gastos improductivos y después recortar las inversiones productivas.
Estas son las preguntas para más adelante —al menos en muchos países las perspectivas de una recuperación sólida son, en el mejor de los casos, para uno o dos años—. Por el momento, la economía es clara: reducir el gasto público no es un riesgo que valga la pena tomar.
*Premio Nobel de Economía en 2001. Copyright: Project Syndicate, 2010.
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Joseph E. Stiglitz"
domingo, 28 de febrero de 2010
El Constitucional colombiano cierra la vía a un tercer mandato de Uribe · ELPAÍS.com
"El Constitucional colombiano cierra la vía a un tercer mandato de Uribe
El tribunal se pronuncia por mayoría contra el referéndum para la reelección
PILAR LOZANO | Bogotá 27/02/2010
El próximo 7 de agosto terminará el reinado de ocho años del presidente de Colombia, Álvaro Uribe. El Tribunal Constitucional, por una votación de siete contra dos, cerró la puerta a la posibilidad de que Uribe se presente como candidato el próximo 30 de mayo para un tercer periodo consecutivo al rechazar el referéndum para la reelección. A las seis y media de la tarde (seis horas más en la Península), tras un largo día de tensión, se conoció el fallo, que fue leído por el presidente del Tribunal, Mauricio González. '[El referéndum] Es inexequible en su totalidad', anunció.
Álvaro Uribe dijo tras conocer el fallo que acepta y acata la decisión del tribunal, y prometió seguir sirviendo a Colombia 'desde cualquier trinchera', informa Efe.
Los siete magistrados que votaron en contra validaron la ponencia del magistrado Humberto Sierra presentada el pasado 3 de febrero, en la que se reseñaban vicios de forma en la ley del referéndum, entre otros haber sobrepasado el tope de financiación para la campaña de recogida de firmas -el uribismo gastó seis veces más de lo legal-, o haber cambiado en la frase inicial la palabra 'elegido' por 'ejercido', que abría ya no la reelección en 2010, sino también para 2014. 'No se trata -dijo González- de meras irregularidades, sino de violaciones sustanciales a la Constitución'. González fue uno de los dos magistrados que votó a favor.
Hace cuatro años el Tribunal dijo sí al cambio de la Constitución y dio paso a la primera reelección de Uribe. Dejó claro entonces que se aprobaba por una 'sola vez'. Esto era para evitar la concentración de poder en la figura presidencial. El trámite del referéndum rechazado ayer fue tortuoso y polémico y duró más de tres años; el debate que generó desplazó temas prioritarios del país y mantuvo, en los últimos meses, maniatados a los presidenciables.
Por la mañana, mientras los nueve magistrados discutían en sesión plenaria, Uribe pidió 'de corazón' a los colombianos no abandonar la Seguridad Democrática, su política bandera. 'No hay que perder el rumbo', dijo.
Ayer, tras conocerse extraoficialmente el fallo, hubo muestras de tristeza y recriminaciones. La culpa, dijo el senador uribista Armando Benedetti, es del círculo del presidente. Y culpó a éste de haber cometido muchas estupideces. Luis Guillermo Giraldo, uno de los promotores de la iniciativa, aceptó parte de la culpa y declaró sentir profunda tristeza. 'Necesitábamos cuatro años más para acabar con las FARC, para acabar con el narcotráfico', dijo.
Una reciente encuesta, sin embargo, muestra que el presidente Uribe no ganaría fácilmente el referéndum, ni arrasaría en primera vuelta; una errática reforma de la salud, el aumento del desempleo y la informalidad le han restado puntos últimamente.
Con el fallo de ayer, el país empieza a enfrentar nuevas incertidumbres. ¿Puede Uribe traspasar a otro candidato la alta popularidad que mantiene (72%)?, ¿qué candidato heredará la financiación guardada hasta ahora para apoyar la reelección?
Los recientes piropos de Uribe a su ex ministro de Defensa, Juan Manuel Santos -habló de su 'excelencia y competencia'-, fueron interpretados como un guiño presidencial. Pero el uribismo no tiene un plan para llegar unido a las urnas. Un 30% de los que pensaban votar por Uribe lo harían por Santos, según una reciente encuesta. Noemí Sanín heredaría un 11% y Andrés Felipe Arias un 10%; los dos últimos disputarán la candidatura del conservatismo -partido de la coalición de gobierno- en consulta popular el próximo 14 de marzo, día de las elecciones legislativas.
Una trepidante carrera política
Candidato liberal independiente. Álvaro Uribe (Medellín, 1952) llega a la presidencia de Colombia por primera vez en mayo de 2002 como candidato independiente. Gana en la primera vuelta con la promesa de aplicar mano dura contra la guerrilla y los paramilitares.
Seguridad y economía. Tras iniciar su mandato se intensifican los ataques de la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y Uribe declara el estado de excepción. Una serie de medidas, como el aumento del gasto militar y el número de efectivos en el Ejército, permitirán reducir los secuestros y los asesinatos.
Hacia la reelección. Tras haber aprobado en 2004 el Plan Patriota, la mayor operación militar en la historia de Colombia, en 2005 el Congreso aprueba la Ley de Paz y Justicia, que establece reducciones de penas para los ex paramilitares desmovilizados. Una medida criticada por la ONU y las organizaciones de derechos humanos. Pese a las críticas, Uribe logra el consenso para reformar la Constitución y ganar un segundo mandato en 2006, con el 62% de los votos.
La sospecha de la 'parapolítica'. El segundo mandato se abre con el destape del escándalo del llamado Paragate, con la investigación de decenas de legisladores del entorno uribista por presuntos nexos con el narcotráfico y el paramilitarismo.
Chávez y EE UU. Tras su fallido intento de mediación con las FARC, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, se convierte en el principal enemigo político de Uribe. Los dos países rompen relaciones diplomáticas mientras Colombia refuerza sus lazos con EE UU, al que en 2009 permite el uso de sus bases militares.
El cerco a las FARC. La lucha contra la guerrilla llega a un punto de inflexión con la operación militar que en julio de 2003 libera a la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt, que había sido secuestrada por las FARC en febrero de 2002.
La gran tentación latinoamericana
La Corte Constitucional colombiana se ha atrevido a plantearse dar un portazo a la moda latinoamericana de perseguir un mandato tras otro. En los últimos años, Venezuela, Ecuador y Bolivia han reformado sus constituciones para permitir la reelección del presidente. En el caso de Caracas es indefinida, y en los de Quito y La Paz es por un periodo consecutivo. Sin embargo, tanto el ecuatoriano Rafael Correa como el boliviano Evo Morales coquetean con la idea de contabilizar su segundo mandato como si fuera el primero con la justificación de que la reforma constitucional que permite la reelección les sorprendió en medio de su primera legislatura. Y por tanto, no contaría.
En Honduras, el derrocado presidente Manuel Zelaya intentó reformar la ley para optar a otro periodo de gobierno, pero el golpe de Estado truncó sus aspiraciones. En Nicaragua, el presidente Daniel Ortega también maniobró para obtener la reelección consecutiva a través de un sospechoso fallo de la Corte Suprema.
En la mayoría de los países latinoamericanos existe la posibilidad de optar a la reelección, ya sea por un sistema de periodos consecutivos (Argentina, Brasil) o alternos (Chile, Uruguay, Perú). De los grandes países del continente, ni México ni Paraguay permiten repetir mandato. En el caso mexicano nunca existió, y en el paraguayo no se permite tras la larga dictadura del general Alfredo Stroessner. Durante sus 35 años en el poder el único partido legal era el Colorado."
El tribunal se pronuncia por mayoría contra el referéndum para la reelección
PILAR LOZANO | Bogotá 27/02/2010
El próximo 7 de agosto terminará el reinado de ocho años del presidente de Colombia, Álvaro Uribe. El Tribunal Constitucional, por una votación de siete contra dos, cerró la puerta a la posibilidad de que Uribe se presente como candidato el próximo 30 de mayo para un tercer periodo consecutivo al rechazar el referéndum para la reelección. A las seis y media de la tarde (seis horas más en la Península), tras un largo día de tensión, se conoció el fallo, que fue leído por el presidente del Tribunal, Mauricio González. '[El referéndum] Es inexequible en su totalidad', anunció.
Álvaro Uribe dijo tras conocer el fallo que acepta y acata la decisión del tribunal, y prometió seguir sirviendo a Colombia 'desde cualquier trinchera', informa Efe.
Los siete magistrados que votaron en contra validaron la ponencia del magistrado Humberto Sierra presentada el pasado 3 de febrero, en la que se reseñaban vicios de forma en la ley del referéndum, entre otros haber sobrepasado el tope de financiación para la campaña de recogida de firmas -el uribismo gastó seis veces más de lo legal-, o haber cambiado en la frase inicial la palabra 'elegido' por 'ejercido', que abría ya no la reelección en 2010, sino también para 2014. 'No se trata -dijo González- de meras irregularidades, sino de violaciones sustanciales a la Constitución'. González fue uno de los dos magistrados que votó a favor.
Hace cuatro años el Tribunal dijo sí al cambio de la Constitución y dio paso a la primera reelección de Uribe. Dejó claro entonces que se aprobaba por una 'sola vez'. Esto era para evitar la concentración de poder en la figura presidencial. El trámite del referéndum rechazado ayer fue tortuoso y polémico y duró más de tres años; el debate que generó desplazó temas prioritarios del país y mantuvo, en los últimos meses, maniatados a los presidenciables.
Por la mañana, mientras los nueve magistrados discutían en sesión plenaria, Uribe pidió 'de corazón' a los colombianos no abandonar la Seguridad Democrática, su política bandera. 'No hay que perder el rumbo', dijo.
Ayer, tras conocerse extraoficialmente el fallo, hubo muestras de tristeza y recriminaciones. La culpa, dijo el senador uribista Armando Benedetti, es del círculo del presidente. Y culpó a éste de haber cometido muchas estupideces. Luis Guillermo Giraldo, uno de los promotores de la iniciativa, aceptó parte de la culpa y declaró sentir profunda tristeza. 'Necesitábamos cuatro años más para acabar con las FARC, para acabar con el narcotráfico', dijo.
Una reciente encuesta, sin embargo, muestra que el presidente Uribe no ganaría fácilmente el referéndum, ni arrasaría en primera vuelta; una errática reforma de la salud, el aumento del desempleo y la informalidad le han restado puntos últimamente.
Con el fallo de ayer, el país empieza a enfrentar nuevas incertidumbres. ¿Puede Uribe traspasar a otro candidato la alta popularidad que mantiene (72%)?, ¿qué candidato heredará la financiación guardada hasta ahora para apoyar la reelección?
Los recientes piropos de Uribe a su ex ministro de Defensa, Juan Manuel Santos -habló de su 'excelencia y competencia'-, fueron interpretados como un guiño presidencial. Pero el uribismo no tiene un plan para llegar unido a las urnas. Un 30% de los que pensaban votar por Uribe lo harían por Santos, según una reciente encuesta. Noemí Sanín heredaría un 11% y Andrés Felipe Arias un 10%; los dos últimos disputarán la candidatura del conservatismo -partido de la coalición de gobierno- en consulta popular el próximo 14 de marzo, día de las elecciones legislativas.
Una trepidante carrera política
Candidato liberal independiente. Álvaro Uribe (Medellín, 1952) llega a la presidencia de Colombia por primera vez en mayo de 2002 como candidato independiente. Gana en la primera vuelta con la promesa de aplicar mano dura contra la guerrilla y los paramilitares.
Seguridad y economía. Tras iniciar su mandato se intensifican los ataques de la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y Uribe declara el estado de excepción. Una serie de medidas, como el aumento del gasto militar y el número de efectivos en el Ejército, permitirán reducir los secuestros y los asesinatos.
Hacia la reelección. Tras haber aprobado en 2004 el Plan Patriota, la mayor operación militar en la historia de Colombia, en 2005 el Congreso aprueba la Ley de Paz y Justicia, que establece reducciones de penas para los ex paramilitares desmovilizados. Una medida criticada por la ONU y las organizaciones de derechos humanos. Pese a las críticas, Uribe logra el consenso para reformar la Constitución y ganar un segundo mandato en 2006, con el 62% de los votos.
La sospecha de la 'parapolítica'. El segundo mandato se abre con el destape del escándalo del llamado Paragate, con la investigación de decenas de legisladores del entorno uribista por presuntos nexos con el narcotráfico y el paramilitarismo.
Chávez y EE UU. Tras su fallido intento de mediación con las FARC, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, se convierte en el principal enemigo político de Uribe. Los dos países rompen relaciones diplomáticas mientras Colombia refuerza sus lazos con EE UU, al que en 2009 permite el uso de sus bases militares.
El cerco a las FARC. La lucha contra la guerrilla llega a un punto de inflexión con la operación militar que en julio de 2003 libera a la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt, que había sido secuestrada por las FARC en febrero de 2002.
La gran tentación latinoamericana
La Corte Constitucional colombiana se ha atrevido a plantearse dar un portazo a la moda latinoamericana de perseguir un mandato tras otro. En los últimos años, Venezuela, Ecuador y Bolivia han reformado sus constituciones para permitir la reelección del presidente. En el caso de Caracas es indefinida, y en los de Quito y La Paz es por un periodo consecutivo. Sin embargo, tanto el ecuatoriano Rafael Correa como el boliviano Evo Morales coquetean con la idea de contabilizar su segundo mandato como si fuera el primero con la justificación de que la reforma constitucional que permite la reelección les sorprendió en medio de su primera legislatura. Y por tanto, no contaría.
En Honduras, el derrocado presidente Manuel Zelaya intentó reformar la ley para optar a otro periodo de gobierno, pero el golpe de Estado truncó sus aspiraciones. En Nicaragua, el presidente Daniel Ortega también maniobró para obtener la reelección consecutiva a través de un sospechoso fallo de la Corte Suprema.
En la mayoría de los países latinoamericanos existe la posibilidad de optar a la reelección, ya sea por un sistema de periodos consecutivos (Argentina, Brasil) o alternos (Chile, Uruguay, Perú). De los grandes países del continente, ni México ni Paraguay permiten repetir mandato. En el caso mexicano nunca existió, y en el paraguayo no se permite tras la larga dictadura del general Alfredo Stroessner. Durante sus 35 años en el poder el único partido legal era el Colorado."
Colombia sin Uribe · ELPAÍS.com
"EDITORIAL
Colombia sin Uribe
El veto del Constitucional a un tercer mandato del presidente mejora la salud política del país
Un inacabable maratón preelectoral tocó a su fin al mismo tiempo que una novísima carrera comenzó el pasado viernes en Colombia. El presidente Álvaro Uribe Vélez no podrá desempeñar un tercer mandato porque la Corte Constitucional falló en contra de la celebración de un referéndum que le permitiera presentarse a la reelección el próximo 30 de mayo. Y todos, empezando por los colombianos y terminando por la propia salud de la política, salen ganando con esta decisión.
El maratón han sido los tres años en que el presidente ha mantenido nada patrióticamente en vilo a su país con el juego de me presento o no me presento; y la novísima carrera, una pugna electoral en la que ya no estará el presidente Uribe, que según sus numerosos partidarios ha dado al país paz y dignidad, aunque con la prosperidad no se haya lucido tanto; y, en cambio, según sus adversarios había llegado hacía ya mucho al límite de sus éxitos, a la vez que no contribuía, sino todo lo contrario, al refuerzo de las instituciones y de la democracia en Colombia.
Sin el ex liberal formateado en independiente que ganó dos elecciones consecutivas (2002-2006), el panorama se distiende casi hasta el infinito. La primera rebatiña se librará entre sus propios seguidores para hacerse con ese 65% de votos expresados -poco más de un tercio del electorado potencial- que se reclaman del uribismo. Y entre media docena de postulantes a tan rico botín destaca el ex ministro de Defensa Juan Manuel Santos, el mejor situado para recibir la preciosa unción del líder; pero también, Noemí Sanín -ex embajadora en España-, que aspira a representar al partido conservador, que estos últimos años ha sido una especie de caja B del uribismo; y fuera del poder, el candidato liberal Rafael Pardo; el independiente más independiente de todos, Sergio Fajardo; y Gustavo Petro, el hombre del Polo, la siempre dispersa y mal avenida izquierda colombiana.
Uribe ha ejercido dos mandatos en los que ha infligido, con la destacada participación de Santos, serias derrotas a las FARC, aunque nunca anduviera cerca del golpe de gracia; y puede ufanarse de un descenso visible -aunque vuelve a repuntar- de la violencia, conquistas que han hecho de Colombia un país de nuevo transitable, en especial para los que tienen con qué transitar. Pero, también, el país ha sido un museo de los horrores, como atestiguan las muertes de campesinos a manos del ejército, que se camuflaban como bajas de la guerrilla para mercar ascensos y premios.
Frente al estilo autoritario-populista del presidente, tan dado a dirigirse al votante por encima de los partidos, una Corte de impecable actuación democrática, una parte en aumento de la opinión pública y la ley de los rendimientos decrecientes han posibilitado que a la tercera no será esta vez la vencida. Colombia deberá aprender a componérselas sin su taumaturgo particular. Y se verá que no le cuesta tanto."
Colombia sin Uribe
El veto del Constitucional a un tercer mandato del presidente mejora la salud política del país
Un inacabable maratón preelectoral tocó a su fin al mismo tiempo que una novísima carrera comenzó el pasado viernes en Colombia. El presidente Álvaro Uribe Vélez no podrá desempeñar un tercer mandato porque la Corte Constitucional falló en contra de la celebración de un referéndum que le permitiera presentarse a la reelección el próximo 30 de mayo. Y todos, empezando por los colombianos y terminando por la propia salud de la política, salen ganando con esta decisión.
El maratón han sido los tres años en que el presidente ha mantenido nada patrióticamente en vilo a su país con el juego de me presento o no me presento; y la novísima carrera, una pugna electoral en la que ya no estará el presidente Uribe, que según sus numerosos partidarios ha dado al país paz y dignidad, aunque con la prosperidad no se haya lucido tanto; y, en cambio, según sus adversarios había llegado hacía ya mucho al límite de sus éxitos, a la vez que no contribuía, sino todo lo contrario, al refuerzo de las instituciones y de la democracia en Colombia.
Sin el ex liberal formateado en independiente que ganó dos elecciones consecutivas (2002-2006), el panorama se distiende casi hasta el infinito. La primera rebatiña se librará entre sus propios seguidores para hacerse con ese 65% de votos expresados -poco más de un tercio del electorado potencial- que se reclaman del uribismo. Y entre media docena de postulantes a tan rico botín destaca el ex ministro de Defensa Juan Manuel Santos, el mejor situado para recibir la preciosa unción del líder; pero también, Noemí Sanín -ex embajadora en España-, que aspira a representar al partido conservador, que estos últimos años ha sido una especie de caja B del uribismo; y fuera del poder, el candidato liberal Rafael Pardo; el independiente más independiente de todos, Sergio Fajardo; y Gustavo Petro, el hombre del Polo, la siempre dispersa y mal avenida izquierda colombiana.
Uribe ha ejercido dos mandatos en los que ha infligido, con la destacada participación de Santos, serias derrotas a las FARC, aunque nunca anduviera cerca del golpe de gracia; y puede ufanarse de un descenso visible -aunque vuelve a repuntar- de la violencia, conquistas que han hecho de Colombia un país de nuevo transitable, en especial para los que tienen con qué transitar. Pero, también, el país ha sido un museo de los horrores, como atestiguan las muertes de campesinos a manos del ejército, que se camuflaban como bajas de la guerrilla para mercar ascensos y premios.
Frente al estilo autoritario-populista del presidente, tan dado a dirigirse al votante por encima de los partidos, una Corte de impecable actuación democrática, una parte en aumento de la opinión pública y la ley de los rendimientos decrecientes han posibilitado que a la tercera no será esta vez la vencida. Colombia deberá aprender a componérselas sin su taumaturgo particular. Y se verá que no le cuesta tanto."
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